Laudatio de Enrique Cerezo

POR JESÚS GARCÍA DE DUEÑAS.

 

        Querido y respetado Enrique: es para mí una satisfacción enorme que me hayan designado para hacer la 'laudatio' de tu figura, personalidad y trabajo en el campo de la cinematografía.

 

        Empezaré diciendo –antes de proceder al elogio a tu labor- que me han escogido para hacerlo porque algunos de los presentes y queridos consocios saben de mi interés por el mundo de la producción cinematográfica, pues así como muchos de mis compañeros en las labores de historiar la cinematografía se han preocupado fundamentalmente de hablar de los directores como los autores y  responsables máximos de la obra cinematográfica, yo siempre he pensado que esto no era sólo así, y lo he pensado, incluso,  procediendo como procedo del mundo de la dirección cinematográfica a la que me he dedicado durante mas de treinta años.

 

        Siempre he pensado, he creído, y lo he expresado, que los productores tienen una importancia extraordinaria en el nacimiento, desarrollo, fomento y éxito de las películas, a pesar de las crisis sucesivas que nos han ido abatiendo en el desarrollo industrial de tal actividad; tanto es así que he dedicado dos libros a productores, por lo que estoy libre de toda sospecha de que mi opinión sea oportunista.

 

        Mis intereses van, en mucho, hacia el estudio de por qué se hacen las películas y  cómo se hacen, y en este proceso, evidentemente, los productores tienen la importancia máxima, que yo he querido destacar siempre. Afortunadamente, en los últimos años se han escrito libros muy consistentes sobre diversos productores o plataformas de producción del cine español como los dedicados a Cesáreo González, Iquino, o UNINCI. Y a mí, confieso ahora, me gustaría hacer, si el tiempo me lo permite, otros dos libros que echo en falta, precisamente sobre dos medallistas de la AEHC, Eduardo Ducay y Enrique Cerezo, al que ahora tengo la ocasión impagable de dedicar esta  'laudatio'.

 

        Vayamos al asunto. Me permitirás, querido Enrique, que tratándose de ti, vaya a hablar de cine pero vaya a hablar,  también, de fútbol; y es que quiero empezar  la 'laudatio' contando una vivencia personal que patentiza que nuestras carreras cinematográficas han transcurrido paralelas; paralelas en el sentido exactamente geométrico de que en muy pocas ocasiones se han encontrado fundamentalmente; hasta ahora, momento éste en que se rompe la geometría, afortunadamente para mi, pues me brinda el placer de coincidir contigo y pronunciar estas palabras de elogio hacia tu labor en la cinematografía.

 

        Y como insinué, en referencia a tu personalidad más pública, empiezo por el fútbol. En los años 70 –que yo sepa- Enrique Cerezo no tenía ningún interés futbolístico profesional, pero sí lo tenía por el cine pues trabajaba ya en esa industria emprendiendo una no muy larga pero sí fructífera carrera profesional en  el departamento de cámara, desde el nivel más humilde como meritorio en la película de José María Forqué Un millón en la basura hasta la de auxiliar en decenas de películas, para pasar más tarde al equipo de producción y en él llegar, sí, a las más altas labores.

 

        En los tiempos que ya estaba trabajando profesionalmente Enrique en el cine, yo quería hacerlo también. Estaba muy ocupado entonces escribiendo en la legendaria revista ‘Triunfo’ y tenía un cierto prestigiado nombre entre la 'inteligencia' española. Pero lo que yo quería hacer verdaderamente era cine, y como director, me tocó entonces hacer lo que hacían todos aquellos compañeros de generación que era escribir un guión –muy laboriosamente escrito- en el que queríamos volcar  todo lo que sentíamos y necesitábamos comunicar. Teníamos la osadía de confiar en que el público esperase ansioso aquello que nosotros queríamos contarle. Y luego comenzaba el 'peregrinaje'. El 'peregrinaje' consistía en ir por los barrios de Madrid e ir buscando las casas productoras de cine donde poderles colocar ese guión que iba a darnos gloria y fortuna en este sitio maravilloso que es Madrid y, de ahí, al resto de España.

 

        Y entonces, mientras, yo transitaba por esos pasillos, por esos despachos de productoras, porque allí es donde creía lógico que podría aparecer un personaje amable y cordial para entregarle mi guión, y que éste lo recibiera con alborozada sorpresa, cuando esto ocurría y tenía la oportunidad de que alguien me atendiera, sistemáticamente escuchaba cómo me decían: 'qué bien escrito está, ¿por qué no haces una novela?', y yo me veía obligado a contestar: ‘no,  yo lo que quiero es hacer es una película'. Mientras a mí me rechazaban la posibilidad de hacer cine (porque no me compraban nunca el guión), digo, Enrique Cerezo trabajaba en el cine y cada vez más metido en su mundo, viéndolo todo, aprendiendo este oficio desde donde hay que hacerlo, desde las entrañas del rodaje y, sobre todo, participando en la creación de las películas.

 

        En vista de que no conseguía vender el guión que amorosa y confiadamente presentaba, algún compañero que trajinaba ocasionalmente en los mismos menesteres que yo, me dijo: 'pero éste no es el camino, tú no debes ir a las productoras sino al palco del Real Madrid, que es donde se reúnen los productores y se  negocian los asuntos de nuestro cine'.

 

        Y aquí es donde llegamos al fútbol y, lo siento, querido Enrique, porque sabes que yo soy madridista de pro, y esto no quita para que seamos rivales fieles y educados. Y, efectivamente, me encaminé hacia al palco del Bernabeu;  y, como me había asegurado el informado colega, en el privilegiado estrado de la ‘casa blanca’ estaba todo el cine español, allí se congregaban los que manejaban los hilos de nuestra industria. Me quedé deslumbrado y comprendí por qué no me recibían nunca cuando iba a los despachos de las productoras, y es que muchos de ellos parecían estar siempre 'en el palco del Real Madrid'.

 

        Efectivamente, conseguí vender aquel guión primerizo a un joven productor que estaba por allí, muy activo y bullicioso. Luego ya, las vicisitudes de la vida me llevaron por otros caminos, hice una película con ese productor, no aquel guión, sino otro, pues los recorridos de los guiones son a veces inverosímiles. Ese es el punto de confluencia que hay en mi vida entre el cine y el fútbol, aunque sea en un mítico palco ajeno a tus intereses rojiblancos.

 

        Por tanto, el camino estaba trazado y, aunque yo no lo supiera entonces, el recorrido profesional del personaje que recibe esta laudatio había emprendido su camino profesional con absoluta determinación. Ya una vez en el campo de la producción, Enrique Cerezo fue escalando, también, consistente categoría,  hasta acabar siendo uno de los productores fundamentales en el cine español. De él se puede predicar lo que en nuestra industria se decía hace años del desaparecido Alfredo Matas, que 'no se puede hacer una película en el cine español sin que la produzca Alfredo Matas, o sin su consentimiento'.

 

        Luego está su capacidad y habilidad como distribuidor, también muy notable y llena de éxito; y junto a ella, o a través de ella, o al arrimo de la misma, comenzó la labor de  adquisición de películas y negativos, gracias a cuyo material se ha logrado conservar gran parte del cine español, que estaba oculto, desamparado, en grave riesgo de desaparición. Y quizá, para los intereses de nuestra asociación, la AEHC, es debido a esa labor por lo que se le ha concedido esta medalla.

 

        La medalla es, pues, en agradecimiento a tu labor de recuperación y conservación del cine español. Realmente una tarea que casi todos elogiamos, que algunos envidian, y que otros critican; pero lo cierto es que tu has recuperado alrededor de siete mil títulos, y muchos de ellos enormemente útiles –si no básicos o fundamentales- para nuestros afanes de historiadores del cine; porque podemos tener a mano el material de nuestro estudio, que son las películas y no otra cosa.

 

        Es en esta tarea de recuperación –a mi juicio enormemente importante- en la que todos los amantes del cine debemos estarte agradecidos y reconocer tu participación –fundamental y arriesgada, a veces incluso heterodoxa respecto a cánones anteriores- en ella.

 

        Yo tuve la posibilidad de comprobarlo cuando esas líneas paralelas de nuestras vidas que dije al comienzo dejaron de serlo al converger, de nuevo, en la celebración del Centenario del Cine Español y su gala en Zaragoza. Fue cuando recurrí, por necesidad, a Enrique Cerezo para elaborar un vídeo con imágenes de la mayor parte de las películas españolas. Sin su colaboración no hubiera podido recogerse –ni existir para siglos venideros- esa antología que titulé ‘Décadas del cine español’ y que se conserva en los archivos de TVE.

 

        Con toda generosidad Enrique nos cedió –a la Academia- esas imágenes que le solicité para elaborar  un audiovisual que mostraba la historia del cine español en diez décadas y en cada una de ellas imágenes de unas cincuenta películas.

 

        Sin el trabajo y labor anterior de la empresa de Enrique Cerezo aquellas películas de las que estaban extraídos los pocos fotogramas que se mostraban en el audiovisual de la Gala del Centenario se hubieran perdido o destruido.

 

        Esta labor de recuperación y conservación del material audiovisual del cine español creo que es motivo suficiente para que la Asociación Española de Historiadores del Cine haya tenido a bien concederte una de sus medallas, decisión que con sumo gusto celebro; medalla que te entregará su presidente. Muchas gracias.

 

Jesús García de Dueñas

 

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