Laudatio a Luis García Berlanga

por Jesús García de Dueñas
 
luis-garcia-berlangaBuenas tardes. Gracias, cómo no, a la AEHC por dispensarme el honor y la satisfacción de pronunciar, decir, comentar la laudatio de Luis García Berlanga que recibe la medalla de la asociación y en realidad no va a ser una laudatio formal o académica sino más bien una evocación decididamente personal de mi conocimiento de Luis García Berlanga que se remonta a hace muchos años. Estábamos también en una mesa pero enfrentados, en una mesa de tribunal, tribunal académico, tengo que añadir. Fue cuando yo ingresé en la Escuela Oficial de Cinematografía. Y en esa mesa de tribunal estaban, junto a Berlanga, Florentino Soria que está aquí en la primera fila, Carlos Serrano de Osma y creo que Carlos Fernández Cuenca que era entonces el director de la escuela.
 
Un instante antes de entrar yo a este tribunal temible, porque yo tenía mucha ansiedad por ingresar en la escuela de cine, entró una chica de Logroño, creo recordar que era, con la que luego no tuve ningún trato porque fue automáticamente suspendida en la primera pregunta que le hicieron en el examen oral. Y esa pregunta tiene mucho que ver con la sesión laudatoria que nos reúne aquí, con la coincidencia de dos personas como Luis García Berlanga y José Antonio Nieves Conde
 
A esta señorita de Logroño, Luis García Berlanga le preguntó -esto es un rumor que se  ha corrido luego por ahí pero que yo puedo certificar la verdad en este sucedido-. Le preguntó a esta joven que… Era notable en aquellos tiempos que una chica, que una joven, quisiera ingresar en la categoría de dirección en la escuela de cine. Entonces Luís le preguntó muy cortésmente, muy gentilmente, qué directoras españolas de cine le gustaban y ella muy entusiasmada dijo “Nieves Conde, Nieves Conde es quien más me gusta”. Esto se ha rumoreado, se ha comentado como chiste pero es real. No sé si Luis se acordará, pero yo sí me acuerdo. Esta chica salió prácticamente llorando y me dijo “son terribles, son terribles, no te hacen más que una pregunta y te echan”. Luego ya nos contó por qué la habían considerado no apta de esa forma tan terminante.
 
Entonces, a mí Luis me preguntó, no qué directores masculinos me gustaban, sino qué directores me gustaban. Yo le contesté que David Lean y que cuál era la película que más me gustaba y yo dije que Breve encuentro, película que me entusiasmaba entonces y que me sigue entusiasmando ahora.
 
Bueno, ese fue mi primer contacto personal con Luis. Y luego durante los varios años que yo estuve en la escuela donde yo me especialicé en repetir cursos para estar allí el mayor tiempo posible haciendo prácticas y aprendiendo el oficio. Tuve la fortuna inconmensurable de tener a Luis como profesor de dirección. Teníamos a Carlos Saura y a Luis como profesores de dirección. Carlos Saura nos daba explicaciones prolijamente técnicas, muy útiles, y Luis era todo lo contrario. Él practicaba un sistema peripatético de enseñanza que consistía en ir andando desde la escuela hasta Bentaiga, que era un bar que había al lado, o a Manila, preferentemente Manila, porque Luis ha tenido siempre gustos un poco más aristocráticos de los que teníamos los alumnos que íbamos a Bentaiga que era una taberna vulgar y corriente.
 
Y allí, en ese paseo, y luego en esa estancia que se prolongaba durante las dos o tres horas que duraba la clase, Luis nos hablaba de todo, menos de cine. Eso quería yo entonces. En realidad de lo que nos hablaba era de la vida y del mundo de las relaciones y sobre todo nos acostumbraba a algo que es fundamental para un director de cine que es a aprender a mirar. Bien es verdad que lo primero que nos enseñaba a mirar era a señoritas, cosa que nosotros por tendencia natural ya teníamos acostumbrada, pero él nos dirigía la mirada con un sentido que yo creo que era muy práctica, aparte de gozosa y muy útil, pero muy práctica en cuanto a los conocimientos que nosotros debíamos de tener como aspirantes a directores de cine.
 
Allí se hablaba de todo. Eran unas clases que, como pueden comprender ustedes, dado el carácter del escenario y con lo que estoy diciendo, absolutamente nada formales, pero lo que sí recuerdo, y esto creo que no se ha comentado nunca o por lo menos yo no lo he leído nunca a propósito del magisterio de Berlanga en aquella época. Él nos propuso dos ejercicios a los alumnos de dirección absolutamente apasionantes y que estaban fuera de toda la norma escolástica que se podía seguir en la escuela.
 
El primero fue hacer unos ejercicios de lo que entonces se llamaba Candid Camera, que luego se hizo en Televisión Española como “cámara indiscreta”, y entonces hicimos unos cuantos ejercicios de aquello, supongo que de esto si te acordarás. Utilizábamos a Juan Luis Galiardo como provocador. Juan Luís era alumno de interpretación. Entonces, pues nada, nos íbamos ahí con la cámara por la calle Serrano, por la calle Génova, por las cafeterías, por los bares… por diferentes sitios.
 
Y eso fue muy interesante, no solamente porque nos enfrentaba al reto de rodar cámara en mano, con cámara oculta y tratando de captar una realidad inesperada, sino porque luego lo que nos exigía Berlanga, como buen profesor, es que aquello lo montáramos, montáramos aquel material y le diéramos un sentido narrativo y un sentido dramático.
 
Otra experiencia interesantísima que nos propuso fue hacer spots publicitarios porque hay que tener en cuenta que nosotros confiábamos, cuando estábamos en la escuela, acabar a los tres años y rápidamente ser directores de cine como Bardem y como Berlanga que eran nuestros modelos a seguir en aquel momento
 
Pero él debía de intuir ya, pese a la indolencia que siempre ha manifestado tener, pero lo que nunca ha dejado de tener es una intuición poderosísima de cómo era la realidad y sobre todo el porvenir que nos esperaba a nosotros y quizá la única manera que tendríamos de entrar en contacto con el mundo profesional sería el cine publicitario. Y entonces nos encargó hacer una serie de spots publicitarios. Yo me acuerdo que hice uno de unas medias cuya marca era María Goretti y que le gustó mucho a Berlanga y entonces yo lo hice además intencionadamente para que le gustara a él porque era mi profesor preferido en ese momento.
 
Bueno, estas son las cosas que puedo contar yo de un aspecto poco conocido de lo que es y ha sido y sigue siendo el magisterio indiscutible de Luis García Berlanga en el cine español. Y, bueno, yo creo que ya de su carrera posterior, en esa época ya había hecho Plácido, estaba a punto de hacer, me parece que cuando…, sí, estaba haciendo el episodio que van a ver ustedes a continuación. Efectivamente coincido con Julio Pérez Perucha que es una verdadera obra maestra esa pieza que hizo para aquella serie, Las cuatro verdades, y estaba a punto de hacer El verdugo, su obra maestra quizá dentro de las varias que tiene ¿no?
 
Perucha Canet BerlangaDe izquierda a derecha: Julio Pérez Perucha, Francisco
Canet Cubel y Luis García Berlanga. Valencia,2003

Decir que la Medalla de Honor que le concede la Asociación Española de Historiadores del Cine es absolutamente justa y merecida, pues es una obviedad, lo único es, pues que se la podíamos haber dado antes, pero, bueno bienvenida sea en este momento y que me alegro muchísimo, Luis, y aplaudo absolutamente a la junta directiva que tenemos por haber tomado esta decisión. Enhorabuena.

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